Ayer encontré un caracol que tranquilo subía por la ventana,
me quedé unos instantes observándolo, viendo como desplazaba su cuerpo y su
vida, lento, viscoso y adherente…
Giraba sus ojos en todas direcciones e imaginé que podía ver
lo que ocurría los casi 360 grados que nos envuelven, su paso por la vida es lento pero controlador, nada se escapa a su retina.
Pensé: “Qué
envidia los caracoles …!” Con su casa allá donde van, sin apresuramiento alguno
observan el mundo que les rodea y su raudo caminar. Con los pies bien pegados a
la tierra transitan, se deslizan, no arriesgan y viven…solo deben escoger bien
el camino que los proteja de ser pisados, en su mundo no hay tropezones, no hay
prisa…
Que envidia!!

