Ya se han apagado las velas del invierno, el sol derritió su
cera y quemó su mecha desprotegida…
Los días crecen y su luz no es compatible con la de la
primavera. Ahora su llama metamórfica deambula sin rumbo sintiendo los latidos
de la tierra, emergiendo si cabe verde germinante para volver a sentir la libertad
de volar en la noche, soñando siempre que quizás algún día pueda volver a ser
vela de invierno, luz del frío...


